viernes, 23 de junio de 2017

Masculinidad: Delirio, compensación y muerte.

La masculinidad y la feminidad son conceptos constantemente debatidos en las últimas décadas, surgiendo en lo coloquial bajo dos posturas:

Estas dos posturas en el debate de lo masculino y lo femenino se dividen en el “sentido común” y la psicología constantemente reforzándose a sí mismas y aun así difiriendo entre sí, este último conocimiento, aquel que se deriva de la psicología, tiene dos formas de retroalimentarse siendo la primera la consulta individual y la segunda el trabajo grupal. (Connel, 2005)


Sin embargo, si este conocimiento es presionado, tanto psicólogos como periodistas (representantes del “sentido común”) terminan apelando a preceptos biológicos con parámetros como diferencias corporales y comportamiento, diferencias hormonales y genéticas, siendo así a lo que terminan apelando los medios.

Cabe considerar que las ciencias sociales y humanidades, debaten y argumentan en un espectro más amplio estos conceptos, agregando definiciones como: roles sexuales, relaciones de género, género construido socialmente y la constitución del género dentro del discurso. (Connel, 2005)
Para empezar a hablar de masculinidad hay que considerar 3 proyectos científicos del siglo 20 importantes, edificados a partir de ella, el primero que parte de la teoría freudiana, el segundo de la psicología social y la idea del rol sexual, y el último centrado en el conjunto establecido por la antropología, historia y sociología.

Enfoquémonos un poco en el primero es decir aquel que deriva de la teoría freudiana: La conexión de la medicina al psicoanálisis atreves de la historia ha generado esfuerzos por la normalización y el control social, aunque en esto mismo reside un potencial mucho más radical. Freud mismo comprendía que la sexualidad del adulto y el género no estaban arreglados por la naturaleza, si no construidos a lo largo del conflicto. Siendo el complejo de Edipo una clave importante partiendo de la crisis de los niños (hombres) por su rivalidad hacia el padre y el miedo a la castración. Incluso refiriendo el como la homosexualidad en una larga proporción retiene la cualidad de la estructura de la masculinidad y la hipótesis de que los humanos se constituyen en una aparente bisexualidad donde coexiste lo femenino y lo masculino. Haciendo una compleja pero precaria constitución de la masculinidad, basada en la ansiedad de la castración.



Ahora bien pasando al segundo precepto aquel de la psicología social y el rol sexual:
La aceptación de la masculinidad, no es tan solo una socialización de cierto rol de género. Más bien durante su desarrollo psicológico, adopta e internaliza un conjunto de relaciones sociales basadas en el género; la persona formada mediante ese proceso de maduración se convierte en la personificación de estas relaciones (Guzmán, 2003). Siendo de los 5 a los 6 años la construcción de la masculinidad una respuesta a la constante impotencia, transmitido por la familia, las instituciones, la otredad misma y el sistema jerárquico de género.

Lo que crea la dualidad de: hombres vistos como modelos de “grandeza” y las mujeres como otro carente. Acentuando en los hombres la represión de la pasividad y la acentuación de la impulsividad, la negación de cualquier presencia de feminidad, planteando la posibilidad de suprimir las “indómitas emociones " (Guzmán, 2003) del otro, creando a su vez un sujeto permeado por el poder pero a su vez frágil en su capacidad de mantenerlo. Esto mismo no está sustentando en lo biológico, sino en conducta codificada e ideología, en aquello socializado de la masculinidad, en donde se aliena y distorsiona a los otros, creando una incapacidad por la solidaridad.

Por último más que hablar de la intersección entre la historia, sociología y antropología las cuales tienen un amplio punto al respecto, me gustaría hablar a profundidad del proyecto de masculinidad sustentado en el psicoanálisis, ya no partiendo solo de lo freudiano, si no profundizando en la teoría psicoanalítica posterior a esto:

Masculinidad y feminidad son categorías que aplican a clase, raza y cultura en particular. (Sosa, 1998). Esto plantea a lo femenino como otro con lo que se enfrenta la experiencia subjetiva de los hombres como “sujetos”, otro ajeno, hostil, que suscita rechazo. Creando así un absoluto que no remite anda.



Lo anterior remite a los hombres a la necesidad de horrorizarse con todo sujeto (hombre) que presente un factor feminizado, lo cual puede derivar en manifestaciones como homofobia y misoginia latentes, a esto podemos citar un poco a (Miller, 1997) en donde refiere:

“…no es seguro que el inconsciente admita la existencia de 2 sexos, parece ser que el sexo masculino tiene su preferencia, no se representa el goce más que por el sesgo del símbolo fálico y que la feminidad se hace objeto de una desvalorización, de un rechazo, o sea de una forclusión: Freud habla de un horror a la castración. La mujer no existe, menciona Lacan”

Aquí se explica como el inconsciente masculino, ya hablando de la formación social de la masculinidad, no acepta la existencia de la otredad femenina, creando una necesidad de rechazarla, denigrarla, hacerla inexistente, al punto de que en el imaginario la feminidad misma remueve del poder, es por eso que la acotación de Lacan no está de más “la mujer no existe” ya que aquello que no implique lo fálico, as relaciones establecidas en el poder es simplemente un imposible bajo este imaginario.


El problema del imaginario planteado es la toma de acciones que representa en lo real menciona Adler “la protesta masculina es un modo de comportamiento relacionado a la castración”, lo que se manifiesta en conductas que atentan contra la otredad, con el fin de alejar la castración, aquel sujeto que realizar lo posible con el fin de que el vacío significante no lo abarque, que la ausencia del significante que representa lo femenino, esa dualidad de amor y odio (como lo refiere Lacan) tan amenazante y fascinante para él no lo abarque, he ahí un primer indicio del porqué del “delirio de la masculinidad”. Algo que se abordara en artículos posteriores más a profundidad.


Referencias:

Connel, R. (2005). Masculinities. Cambridge: Polity Press.
Guzmán, M. L. (2003). Dando voz a los varones. Sexualidad, reproducción y paternidad de algunos mexicanos. Morelos, Michoacan: UNAM.
Miller, J.-A. (1997). El inconciente homosexual. Revista de Psicoanálisis no.37.
Sosa, H. L. (1998). Los hombres y su fantasma de lo femenino. Ciudad de México: UAM.

viernes, 28 de abril de 2017

¿Y por qué las feministas no se nombran “humanistas”?

El título de este artículo es un referente a un pregunta muy común en las personas que empiezan a profundizar en temas de derechos humanos en particular hombres (lo cual no excluye que mujeres también se hagan esa pregunta). Primero que nada habría que explicar ambos conceptos: humanismo y feminismo. La primera (humanismo) es la siguiente:

El humanismo  surge entre dos momentos de la historia significativos: la Edad Media y la Moderna, estas caracterizadas por la búsqueda de verdades universales, teológicas, o científicas. Abandonando así los conceptos universales y abstractos con el fin de captar las esencias de las cosas existentes. Adoptando así conceptos y lenguajes dependientes de contextos históricos específicos, refiriendo como fin último una concepción platónica del conocimiento (Velazco, 2009)*


Mientras que por su parte el feminismo se define como lo siguiente:

La teoría feminista es aquella que pone en tela de juicio estructuras y mecanismos ideológicos que reproducen y mantienen la discriminación y/o exclusión de las mujeres en los diferentes ámbitos de la sociedad. Al igual que el marxismo, el cual puso de manifiesto la existencia de clases sociales con intereses divergentes identificando analíticamente algunas estructuras económicas y entramados institucionales inherentes al capitalismo, traduciéndolo a conceptos como: clase social o plusvalía, el feminismo ha desarrollado una mirada intelectual y política sobre ciertas dimensiones de la realidad que otras teorías no habían sido capaces de conceptualizar. En este sentido, los conceptos de violencia de género, acoso sexual, feminicidio, género, patriarcado o androcentrismo, entre otros, han sido acuñados por el feminismo. Poniendo de manifiesto  la existencia de un sistema social en el que los varones ocupan una posición social hegemónica y las mujeres una posición subordinada.” (Bedia, 2014)**



Lo anterior no solo habla de la ignorancia de los conceptos planteados. Sino de la importancia que tienen estos en cuanto a lo que evidencian, el primero siendo un movimiento que contrapone la verdad y la razón, el segundo un movimiento que pone en tela de juicio mecanismos de opresiones, en este sentido haciendo materializando estas mismas en un significante de lo real.

Es entonces que surge la duda de ¿Por qué la necesidad de renombrar el feminismo como humanismo por parte de personas que fallan en entender alguno de los dos conceptos? Lo obvio podría derivar en la ignorancia misma de estas personas. Aunque dejarlo de esta manera también falla en comprender que esta misma necesidad de estas personas en hacerlo. Ya que estas personas llegan a comprender el concepto básico que propone la teoría feminista, es decir conceptos como equidad, género (en su precepto más básico) e inclusive patriarcado. Sin embargo, estas personas fallan al poder identificar la base de la lucha feminista, o porque se retoma la lucha desde las mujeres, algo similar en algunos movimientos con lucha base, como pueden ser el racismo, la lucha anti-especista, por nombrar algunas.


Lo planteado en el párrafo anterior da cabida a una pregunta ¿Podemos enunciar el cómo se debe movilizar una lucha y teoría sin conocer de antemano las bases? ¿O es acaso una postura no generalizante tan confrontativa que existe la necesidad de generalizarle?

Velazco, A. (2009). Conceptos y Fenómenos fundamentales de nuestra época. UNAM.
** Bedia, R. C. (2014). Aproximaciones a la teoría crítica feminista. Lima: Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres – CLADEM.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Identificación ¿Liberación o supresión?

Dentro del psicoanálisis se generan gran cantidad de preguntas, esto partiendo de la posición de los psicoanalistas como escépticos y en muchos casos estoicos (hablando de la corriente filosófica que afirma “admitir algo que se encuentra más allá de su verdadero objeto de estudio y materia” Epicteto). Partiendo a esto una de las dudas básicas que surgen desde Freud, son:

¿Qué es una mujer? y ¿Qué es un hombre?


Gustav Klimt “El beso”

Si bien estas dudas, tienen una resolución en Freud derivada del complejo de Edipo en donde este autor hace referencia al complejo de Edipo, centrando estas distintas resoluciones tanto en la castración (en el caso de la mujer), como en la identificación con el falo (en el caso del hombre). Esto explicado brevemente en la tesis posterior de Lacan refiere que las personas, no propiamente por ser hombre o mujer, puede generar tanto la identificación con el falo, como la vivencia de la castración. Esto ejemplificado en la frase:

“No todo lo que no es hombre es mujer” (Seminario 20: Aún, Jacques Lacan)

En el mismo seminario refiere que de acuerdo a que la posición que el sujeto asuma como ser sexuado podrá vivir tanto un tipo de goce como el otro, es decir el goce de ser mujer, como el de ser hombre. Contrario a lo que podemos pensar estas cuestiones no están centradas en el género, ya que el sujeto mismo no es carente de elección, una elección que responde a una representación consiente.
Los puntos anteriores hablan de como entonces las ideas hegemónicas, presentes en el imaginario de lo que es un hombre y lo que es una mujer, son en sí solo dos de las muchas posibilidades de elección. He aquí mismo que surgen distintas necesidades de nombrarse, esto inclusive pasando a puntos más transversales que la elección de un objeto de deseo (como pueden ser la homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad, o asexualidad). Al hablar de esta “necesidad de nombrarse” podemos evocar otros ejemplos como son: metrosexual, ubersexual, pansexual, transexual, cisgénero, entre otros.

El problema que surge de esto es que más que una identificación con el goce individual, se genera una identificación con distintas identidades de la colectividad, en donde los sujetos se apropian de un goce, anulando el deseo. He aquí que dejo la cuestión ¿Es entonces una identificación con un goce colectivo, una forma de liberación, o una anulación del deseo propio?

martes, 6 de septiembre de 2016

Trabajo retribuido bajo la perspectiva y testimonio de mujeres indígenas de Puebla.

El día de ayer 5 de septiembre se conmemoró el día internacional de la mujer indígena, algo cuyo único impulsor en este país pareciera ser Amnistía Internacional. Podemos pensar en situaciones actuales que evitaron que esto fuera visualizado. Además de características asociadas al contexto en donde si bien se tratan temas relacionados a las poblaciones indígenas de nuestro país, no se tratan las problemáticas que viven las personas pertenecientes a estas.

Es por eso que se planteará brevemente una de las problemáticas significativas que viven las mujeres indígenas de México. Es decir la falta de remuneración al trabajo ejercido y algunas implicaciones que esto tiene, enfocándonos principalmente en el género.


"Taller de derechos laborales dirigido a mujeres indígenas. Zacapoaxtla, Puebla."

De acuerdo a datos de la CEPAL a la semana los hombres de zonas rurales de México ocupan cerca de 44 horas semanales en trabajo remunerado y 14 horas en trabajo no remunerado. Mientras que las mujeres ocupan 37 horas semanales en trabajo remunerado y 57 en trabajo no remunerado. Lo que no solo implica que las mujeres en zonas rurales laboran en promedio 36 horas semanales más que los hombres, si no que la mayoría de estas horas no son remuneradas. Esto sin considerar que en gran cantidad de ocasiones las mujeres se dedican solo a trabajo no remunerado.

Mucho de esto se encuentra justificado en el discurso, por ejemplo en testimonios recopilados en comunidades indígenas de Puebla, como son Quetzalapa, San Juan Acateno y Santa Ana Teloxtoc las mujeres manifiestan: “Es que nosotras no podemos trabajar porque es pesado”, “A ellos les pagan más porque trabajan más”. Al observar dentro del trabajo de campo pudiera incluso justificarse bajo el hecho de que el trabajo mismo requiere fuerza física. Sin embargo cabe hacer el contraste de testimonios de comunidades como Hueynaupan, La Libertad, y Teziutlan, en donde testimonios como: “Trabajamos pero no nos pagan”, “Mi esposo y yo trabajábamos en el campo pero me dijo que no porque voy a descuidar a los niños” y “Yo estudio y también trabajo aunque mi papá quiere que me dedique a hacer tortillas”.


"Cuetzalan del Progreso, Puebla"

Los testimonios denotan que la situación va más allá de la simple distribución del trabajo, y revelan un contexto en donde la discriminación por ser mujer está presente. Cabe denotar que si bien en las zonas urbanas esta discriminación también es un problema presente, no se vive de la misma manera. Considerando de antemano el contexto económico, y racial. Además de factores relacionados a la cultura y la identidad, esta última entendida por Erick Erickson* como aquello que los individuos identificamos como la percepción que tiene el individuo de sí mismo.

El punto reside en si en la definición de Erickson, y se expresa en la siguiente pregunta ¿Qué provoca que mujeres de una comunidad indígena a otra, las dos pertenecientes al mismo estado, tengan tan contrastantes puntos de vista sobre lo que les debe ser retribuidas por el trabajo? Y ¿Cómo esto esta permeado por la cultura y la identidad? Si bien la respuesta no es simple, el analizar desde el género es en sí un punto de partida importante para encontrar una respuesta.


*Erick Erickson, 1997, Teorías de la Personalidad.

martes, 9 de agosto de 2016

Consideraciones y reflexiones básicas sobre un racismo negado. Hablando desde el contexto en México.

¿Cómo podríamos abordar un tema como el racismo en México?

Si preguntamos a las personas en la calle, personas cercanas, profesores, e inclusive cuando la pregunta va dirigida a nosotros mismos, probablemente la respuesta a esto sea un tanto ambigua, cayendo en categóricos como: "Es que es algo malo", "un grave problema", o "algo hay que hacer". Por lo que previo a esto, una pregunta importante a realizar es: 

¿Te consideras racista?

Claro, la respuesta automática a esto seria: "Por supuesto que no", o algunas variables como "No puedo emitir un juicio de valor de esa índole", inclusive llegando a una negación de la realidad como: "En México no existe el racismo", esto último puede ser explicado por que en México el racismo es asociado a la lucha de las personas de raza negra, siendo la primer afirmación al respecto que "por supuesto que no existe". Sin embargo, tenemos una historia profunda de racismo, cuyo primer referente deviene del clasismo colonial (No se hablara de lo que sucedía en tiempos prehispánicos, ya que eso implica un tema que requiere profundizar aun mas), siendo un ejemplo claro de esto la siguiente imagen:

"Sistema de Castas de la Nueva España"

Y entonces... ¿el sistema de castas es...?

"El sistema de castas pretendía imponer en las colonias un orden basado en la desigualdad étnica de las personas, en la práctica, se formó una sociedad caracterizada por una gran separación de la nobleza blanca de europeos (sometidos a los Estatutos de limpieza de sangre) y de criollos, que conformaban una minoría de potentados cada vez más exclusiva, derivando, a partir de un sistema de castas para concluir en una aristocracia colonial." 

El sistema de castas buscaba privilegiar a la clase dominante de la época, es decir a los españoles, poniendo por debajo a los criollos (hijos de españoles nacidos en la Nueva España), de ahí a los mestizos, castizos, mulatos... Cuyo fin último fomentaba una jerarquía en la que el único grupo que podía ejercer el poder eran los españoles, creando una aparente superioridad a partir de las uniones interculturales.

Si bien ya se plantea un poco la base histórica del racismo en México, la primera pregunta que surge es:

¿Ésto sigue pasando en la actualidad?

Lo primero que surge al preguntar esto, cae en la obviedad al decir "No, ya que no es el mismo tiempo, ya que han habido muchos cambios", incluso agregando "los derechos humanos", "igualdad", entre distintas bases argumentativas. Sin embargo, las acciones dicen lo contrario, ya que el lenguaje ejemplifica el mismo racismo latente en las personas, si bien no se le llamara a una persona por su casta, se le denigra por un aspecto fundamental como es la raza, esto al momento de crear una jerarquía conjunta entre raza y clase, siendo un claro ejemplo las personas que viven en comunidades indígenas.


El caso de las personas indígenas en México pareciera tener 2 partes bastante diferentes, y aun así pertenecientes "a la misma moneda". La primera es la aparente resignificación de "lo indígena" o de "las personas indígenas", en la cultura y la modernidad, al punto de que actualmente conceptos como "artesanal" u "orgánico" se presentan en el lenguaje cotidiano, inclusive al punto de que productos que normalmente se encuentran en comunidades indígenas como son: el pulque, el mezcal, los bordados, entre otros, siendo usados cotidianamente como accesorios de moda, lo cual en lo aparente pareciera hablar de aceptación y respeto hacia estas personas y culturas, al punto de integrarlos en la identidad urbana. 
Sin embargo, en el lenguaje, al hacer un análisis podemos identificar una segunda parte en donde la misma base del racismo se sustenta a partir de esto, a lo que partiríamos a preguntarnos:

¿El integrar aquello que se produce en las comunidades indígenas ayuda a la eliminación del racismo?

Pregunta truculenta hasta cierto punto, ya que aquí mismo estamos considerando un concepto que deviene de nuestro sistema urbano, capitalista, es decir "producen", y realmente ¿quien determina lo que se produce? y ¿para quien es que se produce?, ya que aquí podríamos introducir el hecho de que si no produce para la ciudad, para lo urbano, y solo produce para la comunidad misma, para su propio bienestar, entonces ¿realmente es visto? o ¿le importa a las personas "mestizas", es decir a nosotros residentes de la ciudad?.

¿Ademas, realmente hemos dejado de ver a las personas indígenas como personas que dependen de nuestros ingresos como "citadinos"?

Al punto que los programas de índole gubernamental fomentan una postura asistencialista, proporcionando despensas, e información sobre como ingresar al trabajo domestico, maquilas, o trabajo como obreros. Después de todo pareciera que  el uso de términos como "esos inditos" o "sin razón" o "shingeres" (este último usado para referirse a personas indígenas en el estado de Querétaro, se interpreta como "indio de piojo blanco") solo se ha refinado a partir de un racismo mas fino, tal vez llamarlo un neo racismo, uno que aparenta ser diferente al racismo clásico y aun así mantiene la estructura de este. 

Este mismo racismo, rodeado también por la clase, por el género, entre otro factores, anula nuestra percepción misma de lo humano,  del aprendizaje mismo de los sujetos, solo  a partir de una consideración que los enmarca como algo idealizado, un producto en si...

Por último una frase de Chimamanda Adichie: 

"La cultura no hace a la gente, la gente hace a la cultura..."

"... la manifestación del racismo a cambiado, pero el lenguaje no. Por consiguiente, si no haz linchado a alguien, no se te puede tachar de racista. Si no eres un monstruo chupador de sangre, no se te puede tachar de racista. Alguien debe de poder decir que los racistas no son monstrusos. Son personas con familias que los quieren, gente corriente que paga impuestos." *

*Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie, Editorial Literatura Random House


miércoles, 6 de julio de 2016

De discursos, violencia, y actos.


México es el país en donde la violencia resulta algo "del día a día", visto en nuestras relaciones como un forma de intercambiar risas, sátiras, o en su defecto el aislamiento de los medios que nos saturan con esta violencia, realizar una  "huida". Esto puede ser planteado, por ejemplo desde el psicoanálisis, como formas de tratar con lo incomodo... lo siniestro del contexto. Mientras los medios explotan esto mismo, proponiendo la violencia como un producto de mercado, un consumible, llegando al punto del morbo y la desensibilización de los sujetos.

Sin embargo, en los últimos años, han ocurrido eventos catastróficos, que han provocado que los sujetos se movilicen hacia la concientización y sensibilización de la violencia que ocurre a su alrededor, siendo ejemplos claros la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, o mas recientemente los conflictos entre el magisterio y los cuerpos policiales en Nochixtlan,Oaxaca, pasando por la visualización de feminicidos en el Estado de México.



Actualmente, si bien no es  el tipo de movilización que se da en otros países, como pueden ser golpes de estado, o cambios significativos en los modos de producción. En México hemos observado que las personas han empezado a generar propuesta, a implementar una mayor visualización de las problemáticas, en donde, la violencia se a vuelto excesiva como: feminicidios, violencia sexual, narcoviolencia, crímenes por homo-les-transfobia desaparición forzada, violencia hacia las comunidades indígenas, racismo. Desde el psicoanálisis podríamos estar hablando que por fin empezamos a mirar hacia el vacío de lo real, que hemos estado ignorado.

A partir de lo planteado en los párrafos anteriores, podemos plantear dos posturas bases: El discurso de poder y el discurso histerizante. El discurso de poder siendo aquel que posee el argumento inamovible, aquel que no cambia, permitiéndose el tener los mecanismos de control sobre los otros. Por otro lado el discurso histerizante es aquel que incomoda, que no parte de "la razón", ni de aquello que el discurso dominante normaliza, si no que cuestiona, genera ideas, propuestas, deja en claro aquello siniestro dentro de la "normalidad".


Sin embargo, ocurre un fenómeno interesante, ya que al escuchar los distintos discursos, podemos notar que aunque muchos de estos empezaron como histerizantes, se han transformado en discursos de poder. Podemos explicar esto desde el contexto ya que a partir de como el discurso gubernamental ejemplifica un discurso de poder que niega por completo la otredad, los discursos histerizantes asumieron la postura de poder con el fin de no ser anulados, y donde ya no se busca el cambio en la otredad, si no que esta misma satisfaga nuestras necesidades narcisistas (comento en primera persona del plural por que yo mismo he caído en esta postura).

Este texto no busca dar una solución a lo anteriormente planteado, pero si dejar en la mesa lo siguiente: ¿Podemos transmutar o cambiar el contexto en donde residimos, aquel permeado con la violencia, asumiendo un discurso de poder, inmutable, no negociable?.

martes, 5 de abril de 2016

Agresividad y violencia, de la psique a la cultura

Es mucho lo que en la actualidad se puede plantear sobre un tema como “la  violencia”. Hablar desde los aspectos estructurales, sociales, políticos, culturales, e inclusive aquellos que devienen de la misma psique. Indicando que hablamos de un fenómeno multifactorial, es decir algo que atraviesa aspectos no solo propios, o de los otros, si no del entorno mismo, transversal en las acciones que realizamos día a día, sin cuestionarlas, solo llevándolas al acto.

Antes de poder hablar de la violencia en si, es necesario poder definir dos conceptos clave los cuales serian: El concepto de agresividad y el de violencia mismo, el primero hace referencia (esto desde las definiciones de Laplanche) a “la tendencia o conjunto de tendencias que se actualizan en conductas reales o fantasmáticas dirigidas a dañar al otro”, actuando tempranamente en el desarrollo del sujeto y puede presentarse unida o desunida la pulsión sexual del sujeto. Por otro lado la violencia es un acto que parte de un fenómeno propiamente humano, suponiendo un accionar que intenta someter al otro por el uso de la fuerza, con el fin último de “anular la singularidad del otro, sus límites y autonomía” (Gonzales, 2011)1

En contraste, partiendo del enfoque de derechos humanos, y tomando en cuenta lo descrito anteriormente, podemos argumentar lo siguiente:

La agresión está presente en la mayoría de las especies animales como una respuesta innata ligada a la supervivencia, y los seres humanos, en tanto animales, visto como un mecanismo de defensa. En contraposición se plantea el concepto de violencia que se define como el uso desnaturalizado de la fuerza; desconectada del instinto de supervivencia, misma que es descargada contra otros.
Podemos notar las similitudes latentes en estas definiciones al hablar de cómo la agresividad reside en los animales y los seres humanos como un factor que deriva de lo“instintivo”. Sin embargo, la violencia deviene de lo humano, de las construcciones culturales. Siendo la base primordial para esta, de acuerdo a las definiciones planteadas: El poder, definido por  Foucault de la siguiente manera: “…las relaciones humanas, sean cuales sean ya se trate de una comunicación verbal (…), o de relaciones amorosas, institucionales o económicas- el poder está siempre presente: me refiero a cualquier tipo de relación en la que uno intenta dirigir la conducta del otro. Estas relaciones son por tanto relaciones que se pueden encontrar en situaciones distintas y bajo diferentes formas; estas relaciones de poder son relaciones móviles, es decir, pueden modificarse, no están determinadas de una vez por todas.(…) Las relaciones de poder son por tanto móviles, reversibles, inestables. (…) No obstante hay que señalar que existen efectivamente estados de dominación”.

La definición del parrafo anterior puede llegar a sonar desesperanzadora, pero consideremos que plantea el como estas relaciones de poder, de violencia, de dominación sobre el otro pueden ser móviles, lo que significa que pueden modificarse de forma que la necesidad del poder sobre el otro puede ser entendida, y hasta tratada. Poniendo sobre la mesa los porqués de esto, como puede ser: ¿Es posible  otro modo de relación a partir del cuestionamiento no solo de la estructura psíquica, si no de aquello que deviene de la cultura?

El pregunta anterior es  una de las muchas posibles preguntas, con el fin de generar modos de relación no violentas. He aqui que propuesta es: Darnos a la tarea, desde los sujetos, la psique, la cultura, y la estructura propia, de cuestionar nuestras relaciones, con el fin de generar algo nuevo a partir de esto.


1 González Oddera, Mariela; Delucca, Norma Edith, El concepto de violencia: Investigación sobre violencia vincular, Universidad de la Plata, 2011.